Todo padre que ama a su bebé quiere lo mejor para él, lo ama y quiere darle todo, sin embargo nadie quiere que su hijo sea un malcriado. Tal vez al verlo en su cunita, tan pequeño y frágil, te hayas preguntado: ¿se debe poner disciplina a un bebé?

En este punto es fundamental que entiendas que disciplina, bajo ningún concepto, es sinónimo de castigo, y que más bien define las medidas necesarias para la correcta formación de una persona. En el caso de un niño, esto significa enseñarle cuáles son sus límites, darle instrucción, educación…etc.

A medida que el bebé se desarrolla podrás enseñarle nuevas cosas, y con la maduración de su capacidad de memoria y entendimiento, verás que puede aprender gradualmente lo que debe y no debe hacer.

La mejor base que puedes poner para la educación de tu bebé es establecer una relación de afecto con él desde un principio; si respondes a sus necesidades con ternura y paciencia, aprenderá que puede confiar en ti y le será más fácil aceptar tus límites. El recién nacido tiene que aprender a manejar sensaciones nuevas como el hambre, frío, la incomodidad que produce un pañal sucio…todo eso hace que necesite de tu afecto. Un bebé que llora para que lo cojas no está siendo malcriado, ya que la necesidad de contacto físico es tan grande para su crecimiento como lo es, por ejemplo, la leche.

Los bebés no deciden obedecer o desobedecer intencionadamente. Un bebé de pocos meses no tiene la capacidad para distinguir entre el bien y el mal, aunque esto no quiere decir que se les deba permitir hacer cosas que son peligrosas o no apropiadas para él. No olvides que la disciplina que necesitan es enseñanza y no castigo.

Por qué nunca debes pegar ni sacudir a un bebé

Si la falta de sueño hace que estés irritable o que pierdas la paciencia, nunca descargues tus nervios con élrecuerda que un bebé de dos o tres meses de edad no tiene la ‘intención’ de molestarte cuando llora demasiado, no respeta horarios o se ensucia justo cuando acabas de cambiarlo. Es solo un bebé y todavía no puede manejar sus necesidades y sentimientos.

Sacudir con fuerza a un bebé que llora, no solo agravará el llanto, sino que implicará un serio riesgo. Los bebés son tan frágiles que una sacudida violenta puede causarles daño cerebral permanente, ceguera o, incluso, matarlo. Si le pegas, además del peligro de causar daños serios, le estarás fijando un modelo nada deseable de educación. El bebé aprende que pegar es aceptable y se puede reaccionar con violencia ante la frustración. Además, un bebé tan pequeño no puede asociar y recordar el castigo físico con la conducta que quieres evitar, por lo tanto, le estarás lastimando inútilmente.

Si sientes que vas a perder la paciencia, no te avergüences de pedir ayuda a alguien de la familia, amigo/o o vecino/a. Tómate un descanso o camina unos minutos, pero bajo ningún punto de vista pegues al bebé. Si no tienes a nadie cerca, deja al bebé unos minutos en la cuna y trata de relajarte antes de volver a atenderlo. Si temes perder el control y hacerle daño, busca ayuda de inmediato.

Un bebé de cuatro meses puede percibir por el tono de voz tu estado de ánimo, aunque todavía no entienda las palabras. Si pierdes el control y le gritas, sentirá tu ira, pero no entenderá el por qué y probablemente se asustará mucho.

 

No digas siempre ¡NO!

Repetir continuamente ¡NO!, es una forma de frustrar al bebé. Es mejor reservarlo para situaciones de emergencia en las que un ¡NO!, dicho con firmeza, le aleje del peligro. No olvides que aun cuando todavía no hable, un bebé que se mueve solito por la casa, habitualmente después de los siete u ocho meses, puede entender las palabras y la entonación. Así que cuando lo veas a punto de hacer algo que no debe, acercarse a una escalera, por ejemplo, es mejor que le alejes de allí explicando en pocas palabras: ‘te puedes caer’. A medida que crezca, entenderá explicaciones más extensas.

 

Disciplina positiva

Un bebé aprende mucho mejor en un ambiente amoroso y tranquilo, por eso muchos pedagogos recomiendan lo que llaman disciplina positiva (premiar la conducta correcta), antes que la disciplina punitiva (castigar la conducta incorrecta).

Cuando el bebé empieza a moverse por su cuenta, gateando por la casa (alrededor de los cinco o seis meses), es preferible adaptar la casa para que sea un sitio seguro para él, donde no tenga cosas peligrosas o frágiles a su alcance, antes que pasar el día entero diciendo ¡NO!. Por supuesto, hay cosas que no se pueden mover y presentan peligro (el horno de la cocina, por ejemplo) y en ese caso es mejor alejar al bebé, ofreciéndole algo que le distraiga y tal vez explicando: ‘esto está caliente, mejor juegas con esto’.

Si ha tomado algo que no debe, no le grites, no forcejees con él, tampoco le pegues en las manos. Ofrécele un juguete o algo que le llame la atención mientras le quitas lo que no quieres que tenga. Puedes decirle con suavidad por qué no debe tocar eso: ‘está sucio’, ‘se rompe y te puedes lastimar’… Recuerda que el bebé no tiene muy buena memoria todavía, es probable que vuelva a intentar hacerlo una y otra vez, pero no olvides que no lo hace a propósito, no te enfades con él.

El mejor premio para un bebé es tu atención, una sonrisa, un abrazo y una caricia. Y es que el bebé trata de lograr la atención de los adultos siempre, si solo prestas atención al bebé cuando rompe algo o toca lo que no debe, no será fácil evitar esa conducta. Por eso es mejor que cuando esté haciendo algo no le grites; háblale con seriedad o, si no es algo que sea peligroso como tirar la comida, ignóralo hasta que deje de hacerlo. Al no tener tu atención desistirá muy pronto.  Felicítale con entusiasmo cuando te obedezca y así aprenderá que es más gratificante portarse bien que mal.

Otro recurso es ofrecer opciones, sacarle de un lugar peligroso y llevarle a otro en el que pueda moverse con libertad, o darle un juguete en lugar del adorno que cogió. A medida que tu bebé crece, observa sus reacciones y podrás prevenir situaciones que generen tensión. Es responsabilidad de los padres hacer de la casa un lugar seguro para el bebé y no dejar a su alcance lo que no desean que se toque.

Todos tenemos días malos. Si notas que algo que el bebé hace hoy te molesta más que de costumbre, trata de minimizar la molestia, por ejemplo: si a la hora de la comida se ensucia mucho, coloca un plástico bajo la silla de comer, mantén sus manos ocupadas con una cuchara de plástico o dale un trozo de queso y aleja el plato de la papilla de él. Pero recuerda que: primero, tirar las cosas al suelo, comida incluida, es una forma de aprender lo que pasa cuando algo cae y, segundo, si nunca le permites intentar comer solo para que no se ensucie, estarás privándole de la posibilidad de aprender a hacerlo.

Si lo que te molesta es que hace mucho ruido golpeando cosas, sustituye (ese día) los juguetes sonoros por otros menos ruidosos.

 

¿Qué hacer cuando se descontrola?

El bebé que se acerca al año quiere hacer muchas cosas y no todas son posibles. En ocasiones la frustración se manifiesta en un berrinche o rabieta que parece descontrolada, y lo importante para superarlo es que no pierdas la calma. Nunca le pegues ni le grites, primero identifica la causa de la frustración. Si no alcanza un juguete o no sabe cómo bajarse de su asiento, ayúdale y enséñale a hacerlo.

Si el berrinche es porque no le permites tocar algo, las gafas del abuelo, por ejemplo, trata de distraerle con otra cosa repitiendo que las gafas no son para jugar. Trata de mantenerte calmado/a. Si no se conforma con nada, prueba a quedarte a su lado pero sin hablarle, o llévalo a su cuna y dile que cuando se calme lo cogerás en brazos… al ver que no obtiene respuesta, puede que se calme más rápido. Lo importante es que te vea firme y tranquilo como padre. El berrinche puede parecer interminable, es cierto, pero finalmente se calmará.

Una vez que se calme, cógelo en brazos y sé cariñoso, muchas veces el bebé se asusta de su reacción y necesita que le reconforten. Un bebé de un año entiende mucho mejor y obedecerá con más facilidad si, al ponerle límites, lo haces de forma clara, sencilla y en pocas palabras.

Es fundamental que una vez que se pone una regla se mantenga, pues el bebé se confundirá si mamá no le deja hacer algo pero papá si, o si cambias las reglas según tu humor.

Al hablarle no pierdas el control, recuerda que un bebé puede hacer algo que está mal, pero eso no quiere decir que sea ‘malo’. No uses expresiones hirientes ni le grites y, por supuesto, no le pegues; enséñale que se puede estar disgustado sin lastimar a los demás.