Desde que nace un bebé, debes enseñarle poco a poco a nombrar e identificar las emociones más básicas y sencillas (afecto, alegría, ira, afecto, miedo, tristeza…), así como a aprender a controlar y a gestionar aquellas más complejas y negativas.

 

Cómo hablar de las emociones básicas

Para que comience a familiarizarse con las emociones debes nombrarlas, de este modo tu bebé las irá identificando y relacionando aunque aún no sea capaz de hablar. Explícale también qué significado tienen con frases como: “estás enfadado porque tienes sueño”, “estás feliz porque ha venido el abuelo”, “te has asustado por ese ruido”…etc.

Relacionamos los gestos con los sentimientos

No se trata solo de que los niños aprendan a identificar lo que sienten ellos mismos, sino que también es muy importante que aprendan a identificar lo que sienten otras personas, ya que esto les ayudará a desarrollar un sentimiento tan importante como es el de la empatía. Hablar con los bebés, aunque al principio parezca que no entienden el lenguaje, puede resultar muy práctico con frases del tipo: “papá está disgustado porque has roto sus gafas”, “el abuelo está triste porque no quieres ir a verle”, “mamá está muy contenta por tus abrazos”…etc.

Establecer imágenes positivas y de afecto

Mantén siempre comunicación con tu bebé; explícale lo que sentís por él y lo contentos que estáis cuando él está contento; refuérzale sus avances y progresos y establece un ambiente familiar en el cual reine la ternura, el cariño y el respeto mutuo. Ten en cuenta siempre que de las primeras experiencias de la vida, se irá desarrollando su carácter y su forma de comunicarse con los otros.

Guiar su camino

A medida que tu bebé vaya creciendo y ya sea capaz de reconocer sus propias emociones es muy importante que te centres en el manejo y control de las mismas. Procura no regañarle cuando llore o decirle que ya es mayor para hacerlo. Recuerda que cuando un niño llora es porque está experimentando alguna situación emocional que le lleva a ello, y reprimir su llanto nunca debe ser una opción. En otras ocasiones, como cuando experimente sensación de enfado o rabia, hazle saber que los demás no tienen la culpa de que él se sienta así y que por ello nunca debe pagarse dicho enfado con otros.

 

Y es que por elementales que resulten este tipo de situaciones, como padres muchas veces tendemos a intentar minimizar los sentimientos de nuestros hijos o a anularlos, y lo cierto es que solo siendo conscientes de su existencia se puede lograr controlarlos y no al revés.