Crear un ambiente sano para el desarrollo de un bebé también incluye alejar de su entorno las malas palabras. La frase de “se me escapó” debe dejar de ser la excusa perfecta entre unos padres a la hora de hablar y expresarse delante de su bebé. Es normal que alrededor de los tres años, o incluso antes, un hijo comience a decir sus primeras groserías o palabrotas, pero si se desea que el conocimiento de ese mundo sea algo pasajero y no algo habitual, es importante abordar este período con la máxima naturalidad posible.

Anular el poder que tienen las palabrotas y la fascinación que provocan en los peques, depende mucho de las reacciones que como padres tengamos frente a este hecho. La primera vez que sueltan al aire una palabrota no saben ni lo que significa, pero normalmente encuentran una reacción que les sorprende: risas, cuchicheos, enfados e incluso alguna reprimenda mayor.

Tu bebé hace sus propias asociaciones y se da cuenta de que esas palabras provocan respuestas asombrosas en la gente que les rodea, así que su uso se convierte en una forma de experimentar las distintas reacciones que esconden dichas palabras y que nunca, nunca pasan desapercibidas.

 

Los niños son todo oídos

palabrotas en niñosEn cuanto a los términos malsonantes, tu bebé acostumbrará a elegir las palabras que oye más a menudo y las que más llaman su atención. En realidad, en esta etapa los hijos están investigando con el lenguaje y con los conceptos nuevos que van aprendiendo, de manera que tampoco te asustes demasiado.

Si tu hijo comienza a utilizar este tipo de palabras, es importante conocer la finalidad que esconde al hacerlo, es decir, por qué las dice. De esta manera podremos encontrar la manera más adecuada de reaccionar ante ellas. Es posible que las utilice para: imitar a los adultos, manifestar su enfado, llamar la atención, divertirse o por simple curiosidad.

 

 

Mantén una buena actitud para solucionarlo

Aunque lo natural es que tu hijo termine por dejar de decir estas palabras con el tiempo, es bueno tener una sería de pautas para evitar que su uso pueda prolongarse:

  • La actitud más correcta en casi todos los casos es no escandalizarse ni reírse y conservar la naturalidad. De esta manera la palabra pasará desapercibida e irá desapareciendo del vocabulario de tu bebé.
  • Debemos ofrecerle palabras alternativas y enseñarle que existen otras maneras de decir las cosas.
  • Cuando tu hijo utiliza una palabrota para insultar a alguien debemos intentar explicarle que hay otras maneras de referirse a las personas. Podemos ofrecerle alternativas relacionadas con la situación que ha provocado el uso de un insulto.
  • Si tu hijo expresa su enfado o su malhumor a través de alguna palabrota no adecuada puedes enseñarle a expresar sus sentimientos a través de otras vías: utilizar, con la misma carga emocional, exclamaciones como “oye”, “mira”, “ay”, “vaya”, etc.
  • Debes medir el tipo de groserías que utiliza, porque si se trata de palabras muy fuertes éstas no puedes ignorarlas, ya que su uso podría provocarle problemas para relacionarse.

 

Tanto los padres como los demás adultos que estén involucrados en la crianza de un niño/a, deben estar preparados para reaccionar adecuadamente ante estos casos y aprender a transmitir lo que es correcto y lo que no lo es.

El ejemplo es, sin duda, el primer paso. ¡Tenlo en cuenta!