Si estás embarazada debes alimentarte de forma equilibrada, sin privarte ni abusar de nada. Así tu bebé recibirá todo lo que necesita para crecer y tú no engordarás más de la cuenta.

A todas las mujeres les preocupa el aumento de peso en el embarazo: ¿cuánto voy a engordar?, ¿debo comer siempre que tenga hambre?, si dejo de fumar ¿ganaré más peso? Estas preguntas suelen plantearse de forma común al ginecólogo, pero los médicos no tienen la respuesta, ya que aunque controlan la ganancia de peso en las revisiones periódicas, no pueden vigilar nuestra dieta diaria. Por ello es cada mujer, por sí misma, la que debe cuidar su alimentación durante el embarazo siguiendo los consejos de su médico.

Esta responsabilidad asusta un poco, sobre todo si tenemos en cuenta que el único alimento que recibe el bebé y le va a permitir crecer y desarrollarse es el que le proporcionemos. Sin embargo, es más sencillo de lo que parece. El secreto está en comer de todo pero de forma equilibrada, eligiendo alimentos frescos y naturales,  evitando abusar de productos enlatados y embutidos y controlando el aporte de grasas, sobre todo las de origen animal, para no ganar más peso de lo recomendable.

 

Cómo mantener el peso a raya

En general, un aumento de 11 a 14 kilos para una mujer que mida entre 1,60 y 1,65 metros de talla es correcto. Sobrepasar ese tope se considera un riesgo, ya que el exceso de peso en el embarazo se asocia a algunos trastornos, como diabetes o hipertensión arterial. Asimismo, el aumento de peso de la madre debe ser progresivo: el número de calorías que ingerimos a diario debe incrementarse conforme progresa el embarazo y ser prudente con la alimentación, sobre todo a partir del segundo trimestre de gestación, que es cuando se despierta el apetito, ya que en el primer trimestre se gana poco peso.

Cada categoría de nutrientes tiene una misión específica en la formación del nuevo ser. Lo importante es combinarlos de la forma adecuada para que el bebé no sufra ningún déficit. Básicamente podemos distinguir 3 grupos: proteínas, hidratos de carbono y grasas.

  • Las proteínas: sirven para construir los nuevos tejidos del bebé e impulsar su crecimiento. Hay que ir aumentando su consumo de forma progresiva, hasta unos 80 gramos diarios. Son ricos en proteínas las carnes, el pescado, los huevos, las leguminosas y los lácteos.
  • Los hidratos de carbono: son el combustible de nuestro cuerpo y proporcionan energía. Entre 300 y 400 gramos diarios son suficientes. Son ricos en hidratos de carbono el arroz, la pasta, el pan, las patatas y el plátano.
  • Las grasas: no se deben suprimir de la dieta, ya que son una fuente de reserva y participan en el desarrollo fetal, pero hay que mantenerlas a raya para evitar que se acumulen. La cantidad de grasa es la que determina el peso correcto de la madre. Las mejores son las de origen vegetal como el aceite de oliva, de girasol, y los frutos secos, aunque también pueden obtenerse de productos animales como la mantequilla, la leche, el queso o la carne. Unos 60 gramos cubren las necesidades diarias.