Hace tan solo un mes que tu bebé nació y, aunque parezca increíble, esa primera ropita  que le compraste… ¡ya le queda pequeña! Y lo cierto es que su asombroso crecimiento no ha hecho más que empezar. A los 3 meses observarás que apenas cabe en su cunita, a los 5 tendrá 15 centímetros de más que cuando nació, y al año será 25 centímetros más alto.

Si tu bebé siguiera creciendo a ese ritmo al cumplir 18 años mediría 5 metros. ¿No es increíble? Pero para tranquilidad de los papis…no será así.  En el segundo año el estirón es más moderado, de unos 12 centímetros, y en el tercero, cuarto y quinto el aumento anual será de unos 6 a 8 centímetros aproximadamente, lo que quiere decir que la cantidad de crecimiento en centímetros irá disminuyendo gradualmente.

 

La influencia de la genética

Hay que tener en cuenta que la altura es una característica establecida por el código genético. La altura que tu bebé alcance dependerá en un 60% de la herencia genética y el porcentaje restante de otros factores. Por eso, antes de empezar a imaginar cómo será de alto tu bebé, conviene que te mires al espejo y seas objetivo/a. No obstante, el funcionamiento de la genética no es en absoluto sencillo y va mucho más allá de las apariencias.

Según expertos sobre el tema, es posible que una persona bajita posea un potencial genético que le hubiera permitido ser alta, pero que determinados factores como una mala alimentación, repetidas enfermedades infecciosas o trastornos hormonales, hayan impedido sacar el mejor partido de su naturaleza. Sin embargo, esta persona puede transferir a su hijo ese potencial genético, de manera que pueda ser mucho más alto que sus papás.

 

El amor ayuda a crecer

Con respecto a la talla cada bebé puede crecer hasta lo que su potencial genético le marque como límite, y en algunos casos puede quedarse a medias, por ejemplo, si tiene carencias nutritivas. Por eso, una alimentación equilibrada y sin deficiencias, es vital para obtener el máximo establecido en la carga genética.

Después hay otros factores, no tan evidentes como la alimentación pero sí igual de importantes, que pueden hacer que un niño crezca poco. Uno de ellos es la falta de cariño y en este sentido se cree que los niños que no son queridos crecen menos, ya que los bebés con mayores carencias afectivas segregan mayor cantidad de la hormona somatostatina, la cual es fabricada por el hipotálamo e impide que se libere la hormona del crecimiento (conocida por los médicos como GH).

La GH es la encargada de hacer que las células de los tejidos se multipliquen y crezcan. Como casi todas las hormonas, ésta también se segrega a picos durante el día, aunque es por la noche cuando esos picos son más frecuentes.

Así que si quieres que tu pequeño desarrolle todo su potencial genético para crecer, contribuye alimentándolo bien y dándole amor a montones.