¿A qué debemos ese parecido con nuestros padres? ¿Será nuestro bebé igual a nosotros? ¿Heredará algo de sus abuelos o antepasados más lejanos? Son solo algunas de las muchas inquietudes que surgen cuando uno se enfrenta al reto de la paternidad. Deseamos muchas veces que los hijos se nos parezcan, pero la realidad es que heredarán de nosotros muchas más cosas que una simple mirada o color de ojos, e influiremos en ellos de múltiples formas.

La predisposición genética y el contexto, sin duda, son los dos componentes decisivos a la hora de forjarse la personalidad, ya que además de heredar ciertos rasgos físicos, los niños también aprenden viendo a los adultos interactuar con ellos y con el entorno que les rodea. Y por eso será de vital importancia la relación a tener con los hijos y los valores que se compartan con ellos, así como los momentos y las experiencias que se vivan.

 

¿Qué pesa más en la personalidad y educación de un hijo?

Muchos científicos, a lo largo de la historia, han estudiado la influencia que tiene sobre la personalidad de los seres humanos la información genética que heredaron de sus padres. Sin embargo, esta no deja de ser una influencia más que se suma a otros aspectos determinantes tales como el entorno donde se crece.

Pero muchas veces, sabiendo eso, siguen surgiendo dudas: ¿qué es lo que pesa más? ¿La biología, la educación? ¿Qué tiene más importancia? Y la respuesta a estas cuestiones parece depender de una interacción entre los efectos genéticos y los ambientales, donde se incluyen elementos y entornos tan importantes como el ambiente familiar o el colegio.

 

El papel como padres

El papel que tu pareja y tú juguéis como papás, no solo en lo referente al aporte genético, sino también al comportamiento que tengáis con respecto a vuestro hijo, es sin duda el factor que más pesa en la personalidad.

Además, los primeros años siempre son los más decisivos, todo lo que pase a su alrededor ejercerá influencia en el bebé y, de una u otra forma, contribuirá a formar su personalidad.

Pero lo cierto es que, al margen de la ciencia, un ambiente relajado, una rutina de cuidados estable, una paternidad responsable y mucho, pero mucho cariño, será a fin de cuentas la receta más natural e infalible para ofrecer a un hijo todos los componentes necesarios que le permitan desarrollar libremente su personalidad.