Si estabas buscando quedarte embarazada, es probable que ante el primer retraso en tu periodo hayas hecho una prueba casera de embarazo para confirmar tus dudas y ya estés segura de tu estado. Sin embargo, algunas mujeres no son demasiado conscientes de sus ciclos menstruales y pueden llegar al segundo mes de retraso sin sospechar que están embarazadas.

En algunos casos las náuseas y malestares matutinos se intensifican a esta altura, aunque algunas mujeres no presentan molestias. Si bien es cierto que las emociones influyen en el estado general de la embarazada, por lo general el origen de estos síntomas está en los ‘ajustes’ del cuerpo. Para entender el porqué de estas alteraciones, es importante que sepas que sucede en tu organismo y los motivos.

Los cambios hormonales, propios del ciclo femenino, determinan el momento de la ovulación, y si el óvulo no es fecundado, se produce la menstruación. Tal vez estés familiarizada con los efectos que estos cambios te generan (hinchazón en los pechos, retención de líquidos, tensión premenstrual, etc.), y los vivas con naturalidad. Lo cierto es que al producirse la fecundación, el organismo necesita realizar complejos cambios para permitir que el embarazo prosiga.

Ante todo debemos recordar que el cuerpo humano tiene un maravilloso sistema de protección inmunológica que le hace rechazar cualquier tejido ajeno, pero ahora tiene que permitir que en tu interior se desarrolle por nueve meses, un cuerpo que tiene una composición genética extraña, pues la mitad de sus genes son aportados por tu pareja.

 

Cambios hormonales

En este segundo mes de embarazo, para permitir que tu bebé se desarrolle correctamente, tu organismo deberá adaptarse y efectuar múltiples cambios, buena parte de los cuales serán producidos por las hormonas. Lamentablemente algunas hormonas te producirán algunos efectos secundarios que pueden resultar bastante molestos.

Por ejemplo: el óvulo fecundado produce gonadotropina coriónica humana (GCH)Su función, aparentemente, es evitar que se produzca la menstruación, aumentando los niveles de progesterona y manteniendo los estrógenos y evitando la regresión del cuerpo lúteo. Si los niveles hormonales no alcanzan el nivel suficiente, puede haber sangrado y en algunos casos producirse un aborto espontáneo. Los niveles más altos de esta hormona se alcanzan a mediados del tercer mes y se relacionan con las náuseas y mareos matutinos, que por lo general desaparecen después del tercer mes, justamente cuando la gonadotropina alcanza un nivel constante.

La progesterona, producida por los ovarios en la primera etapa del embarazo, se relaciona con el aumento de los senos preparándose para la lactancia, y a través del embarazo genera otros cambios que preparan tu cuerpo para el parto. Algunas molestias que puede provocar son aumento de la temperatura corporal (puedes tener 37.3º en condiciones normales), estreñimiento intestinal y dolor de espalda.

Los estrógenos, que en un principio serán producidos por los ovarios y más adelante por la placenta, al igual que la progesterona, afectan varios aspectos del embarazo y tienen un papel fundamental en mantener la buena salud del aparato reproductor.

Otra hormona que aumenta durante el embarazo es la que estimula los melanocitos (HEM: hormona estimulante de los melanocitos), que hace que se produzca más pigmento de la piel. Como resultado es muy común que las embarazadas tengan manchas en el rostro (cloasma), se oscurezcan los pezones y areolas y, frecuentemente, aparezca una línea oscura desde el ombligo hasta el pubis. No es bueno tratar de aclarar las manchas durante el embarazo, lo aconsejable es evitar exponerse al sol (para que no se acentúen), y disimularlas con algo de maquillaje. Generalmente desaparecen solas unos meses después del parto.

 

Otros cambios físicos

Uno de los primeros cambios físicos que notarás es el aumento en el tamaño de tus senos y esto se debe a que es durante el primer trimestre del embarazo cuando se produce la mayor parte de los cambios que preparan para la lactancia. Si antes del embarazo no usabas sujetador, no olvides que el aumento de peso y tamaño somete los ligamentos a mucha tensión, por lo tanto la única forma de evitar que tras el embarazo queden caídos y flácidos es proporcionarles una buena sujeción.

El aumento del tamaño del útero no es visible en este momento pero ya comienza a sentirse internamente, y esto se suma al efecto de las hormonas del embarazo que pueden generar molestias urinarias. Es normal orinar con más frecuencia, pero si hay indicios de cistitis o infección urinaria, consulta de inmediato con el médico y recuerda que no se debe tomar ningún medicamento durante el embarazo sin supervisión médica. También es normal que aumente el flujo vaginal, pero si es de color amarronado o con rastros de sangre, no hay que demorar el ver al ginecólogo.

Los cambios hormonales también se reflejarán en tu piel, cabellos y uñas. En la mayoría de los casos la piel mejora mucho, pero puede aparecer sequedad o grasa en exceso. Utilizar jabones y champús neutros ayuda en todos los casos.

Las náuseas y los mareos matutinos pueden hacer que pierdas algo de peso, si estás bajo un buen control médico esto se puede controlar para que no afecte al embarazo. En todos los casos lo que más ayuda es una dieta sana y equilibrada, consumir agua en abundancia, así como vegetales y frutas frescas. A la hora de comer hay que hacerlo en pequeñas cantidades, haciendo cinco o seis pequeñas ingestas diarias en lugar de tres o cuatro y evitando alimentos muy elaborados, fritos o picantes. Las pastillas de menta sin azúcar pueden ser un recurso práctico para controlar las náuseas en cualquier momento del día.

 

Cambios emocionales

La verdadera ‘revolución’ hormonal que tiene lugar en tu interior afectará sin duda a tus emociones, por lo que es normal que estés más sensible y hasta llorona. Pero además es lógico que la noticia de que esperas un hijo te genere emociones encontradas. Por más que hayas deseado tener un bebé, la confirmación de su llegada o saber que tu vida ya no será la misma, puede generarte miedos y preocupación.

Por otra parte, no debes olvidar que tu pareja, aunque no pase por los cambios hormonales también, se enfrenta a un cambio muy grande sumado al temor de verse desplazado en tu afecto por el bebé.

La mejor forma de superar todos estos temores es viviendo el embarazo como una experiencia de la pareja en común y apoyarse mutuamente en la que se compartan los sentimientos y los miedos. Eso sí, si los miedos son muy intensos debería consultarse con un médico o psicólogo par atenuarlos cuanto antes.

Por último recuerda que no solo lo que ingieres afecta a tu bebé, tu salud emocional repercutirá también, por lo tanto busca el apoyo que necesites para que puedas disfrutar de esta etapa única e irrepetible.