Durante los primeros meses de vida de un bebé es habitual que exista mucha mucosidad, y el hecho de ver a los bebés tan delicados y tiernos hace que tengamos miedo de limpiarlos correctamente por miedo a hacerles daño. Pero lo cierto es que, por muy nerviosos que se pongan los bebés a la hora de limpiarles los mocos, lo cierto es que no es algo doloroso y el llanto se debe más al miedo a lo desconocido que a otra cosa.

Ayúdate a la hora de hacerlo de una pera extractora, ya que es un instrumento muy eficaz para este tipo de momentos.  Si no sabes cómo utilizarla correctamente no dudes en preguntar a tu enfermera, pediatra o farmacéutico/a habitual.

 

Cómo limpiarle los mocos al bebé

Los bebés aún no son capaces de eliminar la mucosidad por su cuenta y por ello es necesario que permanezcamos pendientes y los limpiemos a tiempo, ya que la existencia de un exceso de mocos puede dar problemas de garganta e incluso de pecho.

Pasos a seguir para hacerlo adecuadamente:

  1. La mejor posición para hacerlo es de lado, así que consigue que tu pequeño mantenga esta postura aunque sea captando su atención con algún juego o broma que atrape su curiosidad.
  2. Coloca la pera extractora despacio en los orificios nasales en posición apretada.
  3. Suelta la pera para que el aparato pueda aspirar la mucosidad de la nariz.
  4. Después retírala y vuelve a apretarla sobre un papel o lavabo para eliminar los restos mucosos.
  5. Repite de nuevo todo el proceso con el lado de la nariz que falte.
  6. No uses bastoncillos ya que pueden ser muy peligrosos y conducir la mucosidad más adentro, en lugar de sacarla.
  7. Si ni siquiera con la pera consigues que el bebé elimine los mocos, puedes utilizar soluciones fisiológicas en forma de gotitas para que el moco se ablande y siempre y cuando el médico lo aconseje.
  8. Realiza siempre las limpiezas después de la hora del baño, ya que así la mucosidad también estará más blanda.

 

Si tu pequeño se pone muy nervioso con la práctica déjala para otro momento o vuelve a intentarlo cuando esté más tranquilo o divertido jugando. ¡No se trata de provocarle miedos cada vez que vea que te acercas a su pequeña nariz!