El desarrollo psicomotor le permitirá a tu hijo adecuarse al mundo poco a poco e ir perfeccionando sus movimientos y su acomodación al entorno. Y, afortunadamente, este no es un proceso al que tu hijo tenga que enfrentarse solito. Puedes ayudarle y existen multitud de actividades para hacerlo y mejorar su estimulación.

Que tu peque adquiera las habilidades que le permitan descubrir el mundo que le rodea y valerse en él, es lo que se denomina desarrollo psicomotor. Este desarrollo comienza desde el útero y termina entre los 5 y 7 años, momento en el cual se cuenta con el 90% de la capacidad motora.

 

Pasito a paso

Aunque existe un determinado orden en las etapas del desarrollo psicomotriz, lo cierto es que cada niño o niña llevará su propio ritmo que en ningún caso tendrá por fuerza que ajustarse a los cánones, así que tranquilo. Dichas etapas comienzan de la cabeza a los pies, de ahí que el desarrollo funcional de la cabeza y las manos suceda antes que el de las piernas y los pies.

Los factores hereditarios, ambientales y físicos también influyen en el proceso de crecimiento psicomotor.

 

Ayuda a tu hijo en sus avances

Para que tu peque avance en este proceso, tú, tu pareja y todos los adultos que tengan contacto directo y constante con tu hijo deberéis apoyarlo, y esto significa que se le deben proporcionar las condiciones favorables para que progrese en cada paso que dé y en aquellos progresos relativos a las habilidades propias del desarrollo psicomotor:

 

Motricidad fina: coordinación mano-ojo, escritura, movimiento de pinza…

  • Juegos para encajar piezas pequeñas en otras más grandes.
  • Juegos de construcción (construir torres con cubos).
  • Insertar objetos por orificios.
  • Pintar con témperas utilizando los dedos.

 

Motricidad gruesa: movimientos como saltar, gatear, girar, caminar…

  • Nombra partes del cuerpo e indícale que se las reconozca.
  • Promueve el gateo a través de estímulos para que avance tras una pelota o gatea tú con él para que te imite.
  • A través del juego puedes enseñarle a doblar y estirar las piernas.
  • Pon al niño sobre un balón y mécelo de un lado a otro.

 

Estas actividades son solo algunos ejemplos de todo aquello que puede hacerse, según busquemos estimular la motricidad fina y la motricidad gruesa. Acompaña a tu hijo en el proceso y hazle ver lo bien que progresa y la importancia de sus avances con una buena dosis de refuerzo positivo, cariño u mucho amor.